miércoles, 16 de octubre de 2024

DOMINGO XXIX -B-

1ª Lectura: Isaías 53,10-11.

    El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento. Cuando entregue su vida como expiación, verá su descendencia, prolongará sus años; lo que el Señor quiere prosperará por sus manos. A causa de los trabajos de su alma, verá y se hartará, con lo aprendido mi Siervo justificará a muchos, cargando con los crímenes de ellos.

                                          ***             ***             ***

    El texto, tomado del cuarto canto del Siervo, puede leerse como una “profecía” del “siervo Jesús”. Tras una existencia aparentemente frustrada, el Siervo justificará a muchos (cf. Mc 10,45). No será una existencia estéril. Los planes de Dios no son siempre de fácil lectura, pero tienen su clave de lectura. 

2ª Lectura: Hebreos 4,14-16.

    Hermanos:

    Mantengamos la confesión de la fe, ya que tenemos un sumo sacerdote grande que ha atravesado el cielo, Jesús, Hijo de Dios. No tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino que ha sido probado en todo como nosotros, menos en el pecado. Por eso, acerquémonos con seguridad al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y encontrar gracia que nos auxilie oportunamente.

                                        ***             ***             ***

   Cristo, sumo sacerdote, es nuestra avanzadilla en el cielo, y allí se ha convertido en intercesor permanente. Sus heridas no solo nos han curado (1 Pe 2,24), sino que son memoria viva ante el Padre. Es de los nuestros, nos conoce. Ahí radica la esperanza del cristiano. La existencia de Jesús es pro-existencial: lo fue en su vida terrena y lo sigue siendo en el cielo.

Evangelio: Marcos 10,35-45.

    En aquel tiempo se acercaron a Jesús los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron: Maestro, queremos que hagas lo que te vamos a pedir.

    Les preguntó: ¿Qué queréis que haga por vosotros?

    Contestaron: Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda.

    Jesús replicó: No sabéis lo que pedís, ¿sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar?

    Contestaron: Lo somos.

    Jesús les dijo: El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y os bautizaréis con el bautismo con que yo me voy a bautizar, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; está ya reservado.

    Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santiago y Juan. Jesús, reuniéndolos, les dijo: Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. Vosotros nada de eso: el que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos.

                                        ***             ***             ***

    A continuación del tercer anuncio de la Pasión, este relato pone, una vez más, en evidencia la "resistencia" de los discípulos para comprender a Jesús y su proyecto (cf 8,32ss; 9, 32ss). La sección consta de dos partes: vv 35-40  y  42-45. Contemplando los paralelos sinópticos se advierten algunas peculiaridades. Mt pone la petición en labios de la madre (20, 20-21) y elimina la mención del bautismo. Lc, que no transmite la primera parte, la segunda (vv 42-45) la sitúa en un contexto diferente: en el de la institución de la eucaristía, inmediatamente después de su narración (Lc 22, 24-27). La respuesta de Jesús se articula en dos momentos: haciéndoles caer en la cuenta de que no conocen el alcance último de su petición, y realizando la contraoferta.  El v 41 sirve de tránsito para la segunda parte, y también de radiografía de la "calidad" humana del grupo. Jesús, partiendo de una constatación de hecho: el modo como se ejerce el poder político, presenta un estilo alternativo, articulado en tres proverbios o sentencias (los destinatarios del evangelio de Mc han conocido el despotismo de Nerón). La alternativa cristiana es de otro estilo. Y está fundamentada e inspirada en el ejemplo del Maestro. La expresión "por muchos" (cf 14,24) puede entenderse en un sentido circunscrito, aunque indeterminado, o en un sentido universal -por todos-; el testimonio de 1 Tim 2,6 lo confirma. La alusión a la muerte expiatoria tiene como trasfondo a Is 53, 10-12, aunque la de Jesús presenta elementos del todo singulares. La petición de los Zebedeos sirve para conocer la propuesta de Jesús: participar en su destino (cáliz y bautismo), y el estilo de una comunidad cristiana: el servicio. Jesús es alternativo a los sistemas imperantes; no es solo contrario -no es un NO-, sino distinto -es un SÍ-, una propuesta renovadora.

 REFLEXIÓN PASTORAL

 La escena evangélica protagonizada por los hijos del Zebedeo da lugar a interpretaciones diametralmente opuestas.

    La mayor parte de los comentaristas atribuyen esta actitud a una ambición desenfrenada, a deseo de supremacía... Otros, por el contrario (los menos), asumen la defensa de los acusados, considerando el conjunto de la escena como expresión de amistad y del deseo de los dos hermanos de acompañar a Jesús a lo largo de su camino, de estar a las duras y a las maduras.

     Se puede sostener, adoptando una solución intermedia, que la petición de Santiago y Juan no parece ni descaradamente egoísta, ni totalmente desinteresada. Una mezcla de entusiasmo y cálculo. Un fondo de generosidad, en el que se insinúa una pizca de vanagloria. Una disponibilidad al riesgo, pero con alguna garantía. En una palabra, ingenuidad y picardía...

     Jesús no les reprende; se limita a "purificar" su visión y su pretensión. Sin embargo los compañeros interpretaron desfavorablemente la postura de los hermanos. Se sienten ofendidos por el atrevimiento de los dos colegas; piensan que eso puede atentar contra la estabilidad del grupo. En realidad los "diez" alimentaban las mismas pretensiones. Poco antes, Jesús, sorprendido del “ruido” que percibió en el grupo camino de Cafarnaún, había preguntado a los Doce: "¿De qué discutíais por el camino"?, y no contestaron, porque por el camino habían discutido sobre quien sería el más importante (Mc 9,33-34).

    "No sabéis lo que pedís", les responde Jesús, y les hace la única oferta posible para quien de verdad busca su cercanía: "el cáliz". El no es un seguro de éxito humano, sino un reto y un riesgo.

     Y al resto del grupo les aclara el verdadero estilo, alternativo, que ha venido a instaurar: "Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan y los grandes los oprimen. Vosotros nada de eso: el que quiera ser grande que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero que sea esclavo de todos". No se trata de demandar puestos a la derecha o a la izquierda; el puesto que recomienda Jesús es el que adoptó él, lavando los pies de los discípulos (Jn 13,1-14). ¡Más claro! Y es que Jesús diseña una tipología alternativa, revalidando lo menor y a los menores. Y lo hace conscientemente, sabiendo que, procediendo así, desconcertaba y desestabilizaba no solo el sistema socio-religioso de su tiempo, sino a los propios discípulos.

     Tanto la primera lectura, como la segunda, subrayan también el aspecto del servicio del enviado de Dios: entrega personal de la vida, entrega exhaustiva, en vertiente profética (primera lectura) y en vertiente sacerdotal (segunda lectura). Se trata de un servicio no ritual, sino existencial, hasta el agotamiento. Y. muchas veces, un servicio silencioso, sin publicidad, sin cámaras… Porque hay quienes están dispuestos a servir, pero desde la presidencia, desde la dirección… ¿Seremos capaces de esto?

    Estas palabras de Jesús suponen una llamada de atención a una Iglesia permanentemente tentada de confundir la “presencia” con la “presidencia”, de servir desde el poder, confundiendo el poder servir con el servicio del y desde el poder.

    La Iglesia, la comunidad de los creyentes en Cristo, solo será útil y significativa para los hombres y sobre todo fiel a su fundador, en la medida que sea alternativa; en la medida en que rompa la lógica de lo mundano. "No sea así entre vosotros” (Mc 10,43).

     Cuando se dedique a copiar estructuras administrativas de pervivencia... Cuando en ella surja la impresión de la existencia de dominados y dominadores... Cuando la burocracia sofoque, ahogue a la gracia... Cuando aparezcan estas señales de alerta, abrir  otra vez esta página de S. Marcos.      

     Jesús no está en contra de que haya dirigentes en la Iglesia. El nombró a Pedro y los Apóstoles. Pero está en contra del modo mundano de ejercer la jefatura. La Iglesia no ha de ser una comunidad desprovista de autoridad, entendida esta como disponibilidad al servicio, a semejanza de “el Hijo del hombre, que no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos" (Mc 10,45). Y “ no está el discípulo sobre su Maestro" (Lc 6,40).

La Jornada del Domund, que hoy celebramos, nos recuerda la vocación de la Iglesia: ser misionera del Evangelio, humilde y creíble, invitando a todos los hombres al banquete del Reino de Dios, colaborando con los misioneros de frontera, que están entregando su vida por el Evangelio, pero sin olvidar ser misioneros dentro de las propias fronteras dando razón de nuestra fe y de nuestra esperanza. 

REFLEXIÓN PERSONAL

.- Cómo cristiano, ¿a qué aspiro en la vida?

.- ¿Qué privilegio: el servicio o el autoservicio?

.- ¿Mi comunión con Cristo es real o ritual?

DOMINGO J. MONTERO CARRIÓN, OFMCap.

 

miércoles, 9 de octubre de 2024

DOMINGO XXVIII -B-

1ª Lectura: Sabiduría 7,7-11.

    Supliqué y se me concedió la prudencia, invoqué y vino a mí un espíritu de sabiduría. La preferí a los cetros y tronos, y en su comparación tuve en nada la riqueza. No la equiparé la piedra más preciosa, porque todo el oro a su lado es un poco de arena, y junto a ella la plata vale lo que el barro. La preferí a la salud y a la belleza, me propuse tenerla por luz, porque su resplandor no tiene ocaso. Todos los bienes juntos me vinieron con ella, había en sus manos riquezas incontables.

                                              ***             ***             ***

    El sabio opta por la sabiduría, que es la revelación de Dios. Una sabiduría que san Pablo identifica con Jesucristo, pues mientras “los judíos piden señales, y los griegos van tras la sabiduría, nosotros predicamos a Cristo crucificado, que para los judíos es ciertamente un escándalo, y para los no judíos una locura, pero para los llamados, tanto judíos como griegos, es poder de Dios, y sabiduría de Dios. Porque lo insensato de Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres” (1 Cor 1,22-25).

 2ª Lectura: Hebreos 4,12-13.

    La Palabra de Dios es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo, penetrante hasta el punto donde se dividen alma y espíritu, coyunturas y tuétanos. Juzga los deseos e intenciones del corazón. Nada se le oculta; todo está patente y descubierto a los ojos de Aquel a quien hemos de rendir cuentas.

                                              ***             ***             ***

    En pocas palabras el autor de la Carta a los Hebreos hace una presentación de los rasgos más profundos de la Palabra de Dios. Y esa Palabra se hizo carne e historia en Jesucristo (Cf. Jn 1,14).

 Evangelio: Marcos 10,17-30.

    En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló y le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? Jesús le contestó: ¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios. Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre. Él replicó: Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño.

    Jesús se le quedó mirando con cariño y le dijo: Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres -así tendrás un tesoro en el cielo-, y luego sígueme. A estas palabras, frunció el ceño y se marchó pesaroso, porque era muy rico. Jesús mirando alrededor, dijo a sus discípulos: ¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el Reino de Dios!

     Los discípulos se extrañaron de sus palabras. Jesús añadió: Hijos, ¡qué difícil les es entrar en Reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de Dios. Ellos se espantaron y comentaban: Entonces, ¿quién puede salvarse? Jesús se les quedó mirando y les dijo: Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo.

     Pedro se puso a decirle: Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido. Jesús dijo: Os aseguro que quien deja casa, hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, recibirá ahora, en este tiempo, cien veces más -casa y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras con persecuciones-, y en la edad futura vida eterna.

                                              ***             ***             ***

     A un hombre con una pregunta existencial por lo fundamental, Jesús, mirándole con cariño, le invita a “ir más allá” del cumplimiento: le invita a su seguimiento, un seguimiento enriquecedor, pero también retador. La propuesta  alternativa  de Jesús implica tres momentos: desprendimiento, caridad con el pobre y seguimiento. La “retirada” de aquel hombre es elocuente. Jesús advierte del peligro de los que confían en las riquezas, pero tampoco lo absolutiza: Dios lo puede todo (cf Lc 19, 1-10). En la respuesta a Pedro, Jesús asegura que el seguimiento exige el desprendimiento y que  el desprendimiento y seguimiento cristiano es enriquecedor: abre al hombre a una familia más amplia: la iglesia, y  le incorpora en esperanza a la vida eterna. El inciso “junto con persecuciones” matiza el peligro de una interpretación materialista o ingenua de la promesa.

REFLEXIÓN PASTORAL

    La Palabra de Dios no es un adorno ni un entretenimiento. Es la única posibilidad de caminar por el mundo, identificados con estilo y contenidos propios. Palabra que nos comunica verdades (es reveladora) e interpela nuestra existencia (es responsabilizadora).

    La rutina y la artificialidad con que la proclamamos y escuchamos han acabado por restarle capacidad de impacto en nuestra existencia. ¡Ya nos sabemos el Evangelio - y no nos sorprende-! ¡Ya no es una buena noticia, ni siquiera noticia, sino historia repetida! Acojamos con responsabilidad las afirmaciones de la Carta a los Hebreos: "La Palabra de Dios es viva y eficaz... Juzga los deseos e intenciones del  corazón" (2ª lectura).

    ¿Y cuáles son los contenidos y exigencias que esa palabra nos anuncia este domingo?  Que es necesario dotar a nuestra vida de contenidos sólidos, si queremos que ésta no se diluya. Que es preciso establecer una valoración jerarquizada de los motivos del vivir, si no queremos una existencia tergiversada, desorientada. Que al hombre no le queda otra alternativa de salvación si no es la progresiva liberación de la confianza ciega  en el poder salvador del dinero. Que es necesaria la Sabiduría de Dios - esa de la que nos habla la primera lectura - para distinguir, entre tanta bisutería,  el auténtico tesoro.

     El afán de tener más, para ser más y consumir más ha exigido -y exige- un alto precio en moneda humana. Muchos ascensos se consiguen con desplazamientos injustos e, incluso, pisando peldaños humanos. Muchas ganancias están amasadas con derechos hipotecados.

     Jesús hoy irrumpe en nuestras vidas para decirnos que el camino de la salvación va en otra dirección; que los planteamientos a que tenemos sometida la existencia son planteamientos de muerte, sin salida, sin futuro...Y no podemos acallar ni atenuar la radicalidad de sus palabras: "¡Qué difícil les será entrar en el reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero!"  

    Pero tampoco las utilicemos como argumento de condenación: son palabras orientadas a crear esperanza, aunque no falsas ni cómodas esperanzas; son palabra de salvación, porque "Dios lo puede todo". Hasta cambiar el corazón de los ricos... Pero ser rico no es solo poseer cosas sino poseerse, o ser poseído por las cosas; y la salvación la encontramos en la medida en que compartimos no solo lo que tenemos sino lo que somos; en la medida en que el dar nos proporcione más alegría que el recibir; en la medida en que nos situemos ante el Señor con la pregunta del personaje del evangelio: “¿Qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?”

    "Una cosa te falta..." respondió Jesús. Invitándole a ir más allá de la observancia de los mandamientos, le invita, le urge, a adentrarse en el ámbito de la comunión interhumana, a liberarse de las redes que paralizaban sus movimientos..., para seguirle.

    Esa advertencia de Jesús -“Una cosa te falta”- debería conducirnos a la pregunta por el  ¿qué nos sobra?; porque muchas veces es la saturación la que nos impide percibir las carencias más importantes de la vida.

    ¿Qué nos sobra? ¿Miedo? ¿Insensibilidad? ¿Superficialidad? ¿Egoísmo? ¿Soberbia? ¿Rutina?... Es necesario revisar el ropero vital y ver qué cuelga de nuestras perchas. Ya san Pablo invitaba a los Colosenses y a los Efesios a hacer esa revisión, para deshacerse de lo que sobra y quedarse con o esencial con “lo bueno” (1 Tes 5,1). Caminamos saturados de cosas accesorias, olvidando la “carga ligera” (Mt 11,30) de Jesús.

     “Buscad sobre todo el reino de Dios y su justicia; y todo esto se os dará por añadidura” (Mt 6, 33); “¿De qué le sirve a uno ganar el mundo, si se pierde o se arruina a sí mismo?” (Lc 9,25); “No estéis agobiados…” (Mt 6,25). “Solo una  cosa es necesaria” (Lc 10,42). “Quien a Dios tiene nada le falta; solo Dios basta” (Sta. Teresa).

     También nosotros podamos, quizá, reconocernos en ese personaje, con una vida honesta, pero no radical. Como a él, puede que solo nos falte,  o nos sobre, una cosa para amar a Dios sobre todas las cosas; pero es esa precisamente, la que nos distancia y entristece.

     Ante la radicalidad de las exigencias de Jesús, los discípulos se  extrañaron mucho. Nosotros seguimos tan tranquilos, quizá porque no las tomamos en serio

REFLEXIÓN PERSONAL

 .- ¿Qué me falta? ¿Qué me sobra para seguir al Señor?

.- ¿Cuáles son mis preguntas en la vida?

.- ¿Discierno la vida desde la palabra de Dios, o prevalecen otros criterios?

DOMINGO J. MONTERO CARRIÓN, OFMCap.

sábado, 5 de octubre de 2024

DOMINGO XXVII -B-

1ª Lectura: Génesis 2,18-24.

    El Señor se dijo: No está bien que el hombre esté solo; voy a hacerle alguien como él que le ayude. Entonces el Señor modeló de arcilla todas las bestias del campo y todos los pájaros del cielo, y se los presentó al hombre, para ver qué nombre les ponía. Y cada ser vivo llevaría el nombre que el hombre le pusiera. Así el hombre puso nombre a todos los animales domésticos, a los pájaros del cielo y las bestias del campo; pero no se encontraba ninguno como él, que le ayudase.

    Entonces el Señor Dios dejó caer sobre el hombre un letargo, y el hombre se durmió. Le sacó una costilla y le cerró el sitio con carne. Y el Señor trabajó la costilla que le había sacado al hombre, haciendo una mujer, y se la presentó al hombre. Y el hombre dijo: ¡Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Su nombre será Mujer, porque ha salido del hombre. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne.

                                              ***             ***             ***

    El texto forma parte del llamado relato “yahvista” de la creación, concentrado en el hombre y su destino.  Con un lenguaje poético (no es un relato historicista ni científico) el autor presenta la realidad humana como una realidad dual, llamada al encuentro y la comunión; sin discriminaciones, supeditaciones ni enfrentamientos. El hombre solo halla realización en el diálogo interpersonal. La “ayuda” de la mujer al varón no es una ayuda suplementaria sino complementaria; le ayuda a ser: sin ella el varón no es. Desde el principio el proyecto de Dios respecto del hombre es un proyecto de intercomunión y fidelidad mutua entre varón y mujer.

2ª Lectura: Hebreos 2,9-11.

    Hermanos:  Al que Dios había hecho un poco inferior a los ángeles, a Jesús, lo vemos ahora coronado de gloria y honor por su pasión y muerte. Así, por la gracia de Dios, ha padecido la muerte para bien de todos. Dios, para quien y por quien existe todo, juzgó conveniente, para llevar una multitud de hijos a la gloria, perfeccionar y consagrar con el sufrimiento al guía de su salvación. El santificador y los santificados proceden todos del mismo. Por eso no se avergüenza de llamarlos hermanos 

                                             ***             ***             ***

     La muerte de Cristo, inscrita en el misterio de los designios de Dios, ha sido una muerte salvadora. No solamente ha “realizado” y “perfeccionado” a Cristo, sino que nos ha “realizado” y “perfeccionado “a nosotros. En él, nuestro hermano, hemos sido integrados en la gran familia de Dios. El cristiano no ha de perder la esperanza al constatar su pequeñez y pobreza, porque el Hijo de Dios nos ha elevado a la categoría de hermanos suyos, y no se avergüenza de nosotros.

Evangelio: Marcos 10,2-16.

    En aquel tiempo, se acercaron unos fariseos y le preguntaron a Jesús para ponerlo a prueba: ¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su mujer?

    Él les replicó: ¿Qué os ha mandado Moisés?

    Contestaron: Moisés permitió divorciarse dándole a la mujer un acta de repudio.

    Jesús les dijo: Por vuestra terquedad dejó escrito Moisés este precepto. Al principio de la creación los creó hombre y mujer: por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne. De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre.

    En casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo. Él les dijo: Si uno se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. Y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio.

    Le presentaron unos niños para que los tocara, pero los discípulos les regañaban. Al verlo, Jesús se enfadó y les dijo: Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis; de los que son como ellos es el Reino de Dios. Os aseguro que el que no acepte el Reino de Dios como un niño, no entrará en él. Y los abrazaba y los bendecía imponiéndoles las manos.

                                        ***             ***             ***

      Dos escenas: una sobre el matrimonio/divorcio, otra sobre las actitudes ante el Evangelio. Jesús no se deja atrapar por el casuismo. En un tema fundamental y debatido entonces Jesús  remite al proyecto original de Dios. Desde ahí ha de contemplarse el problema. El v. 12 supone el derecho romano, que reconocía a la mujer la posibilidad de repudiar al marido. El interés del evangelista no es reproducir materialmente las palabras de Jesús, sino transmitir fielmente su mensaje.

     Frente al acercamiento tentador de los fariseos, el acercamiento abierto e inocente de los niños. Los discípulos consideran impropio de un Maestro entretenerse con esas “pequeñeces”. Jesús se enfada, y advierte: sólo quien se abre al mensaje del Reino con la sencillez de un niño podrá recibirlo. Solo desde esa “apertura y limpieza” pueden leerse y vivirse los mandamientos de Dios. No se trata de canonizar el infantilismo sino de descalificar el fariseísmo.

REFLEXIÓN PASTORAL

No deberíamos olvidar los cristianos nuestras responsabilidades específicas, entre las que destaca la obligación de dotar a nuestra conciencia de contenidos sólidamente asentados en la palabra de Dios. Obligación que se hace más urgente en nuestros días, caracterizados por una  preocupante fluctuación y ambigüedad de los valores, donde aumentan las hipótesis y las sospechas, y disminuyen las convicciones en los planteamientos más fundamentales de la existencia. Tampoco deberíamos olvidar el hecho de que vivimos en una sociedad plural; no para silenciar nuestras convicciones sino para entrar en un diálogo respetuoso y profundo con las de los demás. Las lecturas de este domingo inciden sobre un punto candente de nuestro presente social: la estabilidad del matrimonio. La palabra crisis domina el horizonte. Pero crisis no es sinónimo de catástrofe, sino ocasión para clarificar criterios y definir posturas.  Quisiera limitarme a una proclamación de los contenidos fundamentales del mensaje bíblico, una proclamación esperanzada, pues del matrimonio no se puede hablar, en cuanto realidad de amor, si no es desde la esperanza. 

     La primera lectura nos habla del proyecto humano de Dios. Dios pensó y creó al hombre como un ser para la comunión -"no es bueno que el hombre esté solo"-, y ésta, la comunión, solo es posible en la interrelación y donación. Gráficamente se nos dice cómo el paraíso no fue tal hasta que no apareció en él la mujer. Las cosas no podían colmar las más profundas dimensiones del hombre, las que no se sacian con la posesión de cosas sino solo en la intercomunión personal.

     ¡Cómo necesitamos  repensar y recuperar hoy esa perspectiva para evitar la progresiva deshumanización introducida por un consumismo irracional y pasional que acaba por consumirnos a nosotros mismos, aumentando  el sentimiento del vacío y la soledad!

     Intercomunión que en el matrimonio cristiano alcanza cotas de significación no solo humana sino sacramental religiosa. No solo se unen dos personas; sino que Dios une a dos personas. ¡Y lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre! Ante la casuística farisea, Jesús remite al proyecto original de Dios, porque "al principio no era así". Jesús devuelve las cosas a su origen. En el proyecto de Dios nosotros hemos introducido glosas que lo desfiguran -“Invalidáis el mandato de Dios en nombre de vuestras tradiciones” (Mt 15,6)-; lo hemos “acomodado” y hasta tergiversado. Jesús devuelve las cosas, y nos devuelve, al HOY original de Dios, que es él (cf. Heb 1,2) y nos invita a vivirlo hoy. Es verdad que este plan de Dios se asienta en la debilidad humana, que debemos comprender, pero no podemos teorizarla.

       El pensamiento de Jesús aparece claro: el matrimonio es indisoluble por su propia naturaleza y por el simbolismo sacramental que expresa: el amor entre Cristo y la Iglesia. Hacer que lo sea es tarea, quehacer de los esposos, pero no solo de ellos.  Todo el secreto reside en saber permanecer en esa plataforma difícil pero infalible que es el amor.

      Demos gracias a Dios por todos los matrimonios que viven ilusionadamente su vocación; oremos por los que sufren tensiones y dudas, como también por lo que no han podido o sabido, por las causas que sean, mantener su unión. Oremos también por los que se preparan para el matrimonio

      Proclamar con nitidez la doctrina de Jesús no debe hacernos olvidar que Él vino a buscar, a sanar, a alentar y no a condenar. Que el Señor no enseñe a todos a vivir en comunión y a no quebrar ninguna esperanza, pero también a no esconder y silenciar la nuestra 

REFLEXIÓN PERSONAL:

 .- ¿Soy persona de soledad o de comunión?

 .- ¿Sé reconocer en el otro una parte de mí mismo?

 .- En mis relaciones, ¿me doy o solo me busco?

DOMINGO J. MONTERO CARRIÓN, OFMCap.

miércoles, 18 de septiembre de 2024

DOMINGO XXV -B-

1ª Lectura: Sabiduría 2,17-20.

  (Dijeron los malos):

    Acechemos al justo, que nos resulta incómodo: se opone a nuestras acciones, nos echa en cara nuestros pecados, nos reprende nuestra educación errada; declara que conoce a Dios y se da el nombre de hijo del Señor; es un reproche para nuestras ideas y solo verlo da grima; lleva una vida distinta de los demás y su conducta es diferente; nos considera de mala ley y se aparta de nuestras sendas como si fueran impuras; declara dichoso el fin de los justos y se gloría de tener de parte a Dios. Veamos si sus palabras son verdaderas, comprobando el desenlace de su vida. Si es el justo hijo de Dios, lo auxiliará y lo librará del poder de sus enemigos; lo someteremos a la prueba de la afrenta y la tortura, para comprobar su moderación y apreciar su paciencia; lo condenaremos a muerte ignominiosa, pues dice que hay quien se ocupa de él.

                                            ***             ***             ***

   El hombre justo cuestiona con su vida, no forma parte del paisaje común de vulgaridad, “es diferente”: denuncia con sus ser y con su estar.  Por eso no halla espacio en el sistema y debe ser eliminado. Pero el hombre justo es necesario; sin él la vida se deforma. El autor de estos versículos se inspira en la figura del “Siervo” de los poemas de Isaías, mostrando que la fuerza del hombre justo reside en la fuerza del Señor.

 2ª Lectura: Santiago 3,16-4,3.

 Hermanos:

    Donde hay envidias y peleas, hay desorden y toda clase de males. La sabiduría que viene de arriba, ante todo es pura y, además, es amante de la paz, comprensiva, dócil, llena de misericordia y buenas obras, constante, sincera. Los que procuran la paz están sembrando la paz; y su fruto es la justicia. ¿De dónde salen las luchas y los conflictos entre vosotros? ¿No es acaso de los deseos de placer, que combaten en vuestro cuerpo? Codiciáis lo que no podéis tener; y acabáis asesinando. Ambicionáis algo y no podéis alcanzarlo; así que lucháis y peleáis. No lo alcanzáis, porque no lo pedís. Pedís y no recibís, porque pedís mal, para derrocharlo en placeres. 

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    La Carta diseña el perfil de la verdadera sabiduría, la sabiduría cristiana, en contraposición con la sabiduría terrena. Las comunidades cristianas, ya desde el principio, se vieron inmersas en “tentaciones” muy concretas. Aquí se apuntan algunas causas de los conflictos: la ambición, el deseo de placer… Paz fraterna y justicia son frutos de la sabiduría cristiana.


 Evangelio: Marcos 9,29-36.

    En aquel tiempo, instruía Jesús a sus discípulos. Les decía: El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y después de muerto, a los tres días resucitará. Pero no entendían aquello, y les daba miedo preguntarle.

    Llegaron a Cafarnaún, y una vez en casa les preguntó: ¿De qué discutíais por el camino? Ellos no contestaron, pues por el camino habían discutido quien era el más importante.

    Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos. Y acercando un niño, lo puso en medio de ellos, los abrazó y les dijo: El que acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, no me acoge a mí, sino al que me ha enviado.

                                             ***             ***             ***

    El relato contempla dos momentos: uno de camino, y otro ya en casa, en Cafarnaún. Una prioridad de Jesús no fue solo instruir a los discípulos sobre su camino, sino introducirlos en él. Formulado de manera más condensada y genérica que el primero (Mc 8,31-33), este segundo anuncio de la pasión, supone una nueva llamada a los discípulos, quienes no sólo no entienden sino que tienen miedo de entender. El relato nos dice que hay dos modos diferentes de caminar: el de Jesús, en clave de servicio, y el de los discípulos, en clave de autoservicio. Ya en casa, Jesús, una vez más corrige esa perspectiva, descubriéndoles el “puesto” del discípulo en la vida, vinculándose y vinculando a Dios con el servicio y acogida de los menores de este mundo.

 REFLEXIÓN PASTORAL

    “¿De qué discutíais por el camino? Ellos callaban, pues por el camino habían discutido quién era el más importante”.

     Un tema de conversación precristiano, si no ya anticristiano. Mientras Jesús se hace Camino para servir, ellos los discípulos, querían utilizar ese camino para servirse. Un dato aleccionador, que demuestra cómo nadie está libre de la ambición, ni siquiera los que andaban en las proximidades de Jesús. 

     Hoy asistimos a una lucha, no solo dialéctica, sino  física, por ocupar los primeros puestos; el protocolo es muy exigente. Cada grupo, y casi cada hombre, reclama ser protagonista del destino de los otros.

     Los políticos, surgidos en las urnas, reclaman la legitimidad de presidir y configurar la cosa pública; los dirigentes religiosos, argumentando que en el hombre hay dimensiones transcendentes, exigen un amplio espacio de protagonismo y de presencia; el mundo sindical, apoyado en que es el trabajo de sus afiliados quien hace posible la productividad, exigen presidencias cada vez más importantes no solo en la empresa sino en la sociedad; el capital, aduciendo que su dinero y dinamismo organizativo es quien hace posible el crecimiento industrial, pide mayor capacidad de decisión en la configuración del modelo social… Todos  discuten y compiten por la presidencia. Todos quieren -o queremos- servir, pero desde arriba.

     Llega Jesús y nos dice: “Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos”. No desautoriza ni descalifica, en principio, el servicio -los dirigentes y líderes son necesarios-, pero marca el estilo: servir de verdad, porque detrás de muchas declaraciones de servicio se esconden muchas vocaciones de autoservicio. Basta ver lo mal que sienta cuando uno es relevado de ese “servicio”.

      “¿De qué discutíais por el camino?” Una pregunta que puede llevarnos a comprobar y examinar los auténticos valores, los afanes, las inquietudes y los proyectos de nuestro caminar diario. Una pregunta que puede llevarnos a examinar nuestro hablar y nuestro vivir.

     ¿Caminamos por la vida marcando rutas de comprensión’? O, por el contrario, ¿lo hacemos acechando al justo, fomentado envidias, enfrentamientos, tensiones…? “El fruto de la justicia se siembra en la paz para quienes trabajan por la paz”, nos dice hoy el apóstol Santiago”.

     ¿Qué sembramos en nuestra convivencia diaria, simientes de justicia -que es el fruto de la paz- o la cizaña destructora? ¿No somos también de los que pensamos que ser buenos no es rentable? ¿Que la vida es lucha, y que gana el que hace la guerra más útil, aunque sea la más sucia?

     “¿De qué discutíais por el camino?” Quizá también nosotros, ante esta pregunta de Jesús, tendríamos que guardar silencio, porque los temas y contenidos de nuestra vida real no estén muy conformes con lo que teóricamente creemos. Pero, en todo caso, es una buena pregunta, que haríamos muy mal en desoír o en archivar, para seguir caminando como si el Señor no se hubiera hoy acercado a nuestra vida y no nos la hubiera formulado.

REFLEXIÓN PERSONAL

.- ¿De qué hablamos por el camino?

.- ¿De dónde salen las luchas y conflictos entre nosotros?

.- ¿Cuál es mi plataforma de servicio?

   DOMINGO J. MONTERO CARRIÓN, OFMCap.

martes, 10 de septiembre de 2024

DOMINGO XXIV -B-

1ª Lectura: Isaías 50,5-10.

    En aquellos días dijo Isaías: El Señor Dios me ha abierto el oído; y yo no me he rebelado ni me he echado atrás. Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, la mejilla a los que mesaban mi barba. No oculté el rostro a insultos y salivazos. Mi Señor me ayudaba, por eso no quedaba confundido, por eso ofrecí el rostro como pedernal, y sé que no quedaré avergonzado. Tengo cerca a mi abogado, ¿quién pleiteará contra mí? Vamos a enfrentarnos: ¿quién es mi rival? Que se acerque. Mirad mi Señor me ayuda; ¿quién probará que soy culpable?

                                      ***             ***             ***

    Nos hallamos ante el “tercer canto del Siervo”. El Señor le ha abierto el oído para escuchar su palabra, y él ha aceptado la misión. Desde la convicción de tener a Dios de su parte, el “siervo” no se echa atrás ante las presiones y persecuciones.  Dispuesto a afrontar el reto, confía su vida al Señor: es el destino de todo profeta.

2ª Lectura: Santiago 2,14-18.

     Hermanos míos: ¿De qué le sirve a uno decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Es que esa fe lo podrá salvar? Supongamos que un hermano o una hermana andan sin ropa y faltos del alimento diario, y que uno de vosotros les dice: “Dios os ampare: abrigaos y llenaos el estómago”, y no les dais lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve? Esto pasa con la fe: si no tiene obras, está muerta por dentro. Alguno dirá: Tú tienes fe y yo tengo obras. Enséñame tu fe sin obras, y yo, por las obras, te probaré mi fe. 

                                                  ***             ***             ***

    Ni fe sin obras, ni obras sin fe. La carta de Santiago es un reclamo realista a la verificación de la fe. Creer no es solo pensar; creer es crear. Cuando hay crisis de amor es que hay crisis de fe, y cuando hay crisis de fe es que hay crisis de amor.

 Evangelio: Marcos 8,27-35.

    En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesarea de Felipe; por el camino preguntó a sus discípulos: ¿Quién dice la gente que soy yo?

    Ellos le contestaron: Unos, Juan Bautista; otros, Elías, y otros, uno de los profetas.

    Él les preguntó: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?

    Pedro le contestó: Tú eres el Mesías.

    Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie. Y empezó a instruirlos: El Hijo del Hombre tiene que padecer mucho, tiene que ser condenado por los senadores, sumos sacerdotes y letrados, ser ejecutados y resucitar a los tres días.

    Se lo explicaba con toda claridad. Entonces Pedro se lo llevó a parte y se puso a increparlo. Jesús se volvió, y de cara a los discípulos increpó a Pedro: ¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!

    Después llamó a la gente y a sus discípulos y les dijo: El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Mirad, el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por el Evangelio, la salvará.

                                                  ***             ***             ***

     Nos encontramos ante una de las preguntas fundamentales de Jesús -“¿Quién decís que soy yo?”- y ante una de las respuestas fundamentales del Evangelio -“Tú eres el Mesías”-. Sin embargo esa respuesta debe ser purificada de toda connotación triunfalista. El mesianismo de Jesús es de otro orden. Y Jesús comienza a desvelárselo “con claridad” a los discípulos.  La reacción de Pedro demuestra su limitada visión mesiánica. ¡Pensaban a lo humano! La fe en Jesús requiere adquirir otro punto de mira: el de Dios. Y solo asumiendo ese punto de mira es posible el seguimiento; y con ese punto de mira el seguimiento es ineludible.

 REFLEXIÓN PASTORAL

    “Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga”. Palabras fuertes y poco comunes para captar adeptos. Pero es que Jesús no vino para eso, para hacer proselitismo sino para dar testimonio de la verdad. No vino a ser servido, sino a servir; no vino a halagar sino a salvar; no vino a dar palmaditas en el hombre, sino a cargar la cruz y a proponerla…

     Palabras que escandalizan a no pocos, que consideran esta invitación como una aceptación anticipada de la más radical frustración personal. Pero no es así. En realidad, las palabras de Jesús no invitan a la renuncia, cuanto al seguimiento. Seguir a Jesús, esta es la cuestión.

     Seguimiento que supone una apropiación e interiorización de sus sentimientos y actitudes. Seguimiento que implica renuncias serias y dolorosas. Ocultarlas o silenciarlas sería un fraude al mismo Jesús, que no las ocultó, porque ser cristiano no es compatible con cualquier actitud teórica o práctica. Nada más contrario a Jesús que la ambigüedad referencial, que el posibilismo de servir a dos señores, de nadar y guardar la ropa.

     Pero tampoco podemos absolutizarlas, porque la meta del seguimiento cristiano no es la renuncia, sino el descubrimiento y el seguimiento de Jesús; no es la cruz, sino el Crucificado.

     Cristiano es aquel que ha descubierto a Cristo como el sentido de su vida, descubrimiento que se concreta en entrega personal. Es aquel para quien Cristo es norma y camino, con todo lo que esto tiene de configurante. Así se  entendió desde los orígenes, cuando el calificativo cristiano era injurioso y subversivo, y no una etiqueta aséptica, válida para encubrir un producto soporífero.

     Ser cristiano no es tanto un fenómeno cultural cuanto personal. Lo peculiar del cristianismo no es su ética, ni su filosofía, ni siquiera su teología, sino su vinculación a un tal Jesús, llamado Cristo, que, muerto, ha resucitado y vive (cf. Hch 25,19). Y si el cristianismo quiere ser significativo hoy…, nada logrará repitiendo simplemente lo que otros dice, o remedando lo que otros hacen. Tal cristianismo, de papagayo, es irrelevante.

     Pero el seguimiento solo será auténtico cuando hayamos clarificado quién es ese Jesús, que exige una entrega tan  absorbente y radical.

         En este punto, quizá, nos encontramos al nivel de “lo que dice la gente”, y Él quiere arrancarnos una respuesta personal. A Jesús no se le puede conocer -ni seguir- solo por referencias de terceros, ni se le puede seguir de lejos. Quizá lo prosaico de nuestra vida cristiana, la carencia de profundidad de nuestros compromisos…, todo eso que, en momentos de sinceridad, calificamos de inauténtico, se deba, en última instancia a que no hemos descubierto de verdad a ese Jesús al que religarnos, y por eso encontramos tanta dificultad en desligarnos de tantas cosas que nos asfixian.

     “¿Quién decís que soy yo?” Planteada por Jesús en un momento crítico de su vida, esta pregunta continúa como cuestión permanente e identificadora. Conocemos la primera respuesta, la de Pedro, pero no basta; en todo caso esa respuesta no ha cerrado la pregunta, aunque suponga una aportación fundamental.

    ¿Quién decís que soy yo? es, en primer lugar, la llamada a descubrir personalmente a Jesús y a descubrirnos personalmente ante él. Y puesto que el conocimiento y reconocimiento de Cristo no es conquista humana sino revelación del Padre (Mt 16,17), tal pregunta nos llevará, necesariamente, al mundo de la oración. Y no es solo pregunta por la identidad de Jesús sino por su significatividad para la vida. ¿Qué densidad, qué contenido, qué tono aporta ese conocimiento? Pues no basta con saber quién es Jesús, es preciso saber qué significa existencialmente (Lc 6,46; Mt 7,21). Es la resonancia personal-contemplativa.

     Pero la pregunta contiene una resonancia ulterior: ¿Quién decís que soy yo a los otros? Es la interpelación testimonial-apostólica. A ese Jesús descubierto personalmente, hay que descubrirlo públicamente. El Cristo conocido debe ser dado a conocer. Y eso llevará, inevitablemente, al centro de la vida, para ser testigos de lo que hemos visto... (1 Jn 1,1), pues nadie enciende una lámpara y la pone en un lugar oculto o debajo del celemín (Lc 11,33).

     Ambas resonancias deben ser escuchadas; pues, por un lado existe la tentación de contentarse con imágenes edulcoradas de Cristo y, por otro, la inclinación a privatizar la fe. Olvidando que la fe que no deja huella en la vida es pura evasión, y que el anuncio de Jesús, sin vivencia y experiencia personal, no es evangelización, sino mera propaganda.

¿Quién decís que soy yo? Una pregunta que no sólo define a Jesús sino a sus discípulos.

REFLEXIÓN PERSONAL

  .- ¿Cuál es mi conocimiento de Jesús?

 .- ¿Cuál es mi testimonio de Jesús?

 .- ¿Cuáles son las obras de mi fe?

 DOMINGO J. MONTERO CARRIÓN, OFMCap.

 

 

 

 

jueves, 5 de septiembre de 2024

DOMINGO XXIII -B-

1ª Lectura: Isaías 35,4-7a.

    Decid a los cobardes de corazón: sed fuertes, no temáis. Mirad a vuestro Dios que trae el desquite, viene en persona, resarcirá y os salvará. Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mudo cantará. Porque han brotado aguas en el desierto, torrentes en la estepa; el páramo será un estanque, lo reseco un manantial.

                                              ***             ***             ***

    El texto forma parte de un poema de la vuelta del pueblo del Destierro, y ha de relacionarse con la segunda parte del libro de Isaías. A una comunidad desalentada, el profeta traslada un mensaje esperanzador: la presencia de Dios que regenerará al hombre y a la misma naturaleza. Dios es vitalizador y regenerador.

2ª Lectura: Santiago 2,1-5.

    Hermanos: No juntéis la fe en Nuestro Señor Jesucristo glorioso con la acepción de personas. Por ejemplo: llegan dos hombres a la reunión litúrgica. Una va bien vestido y hasta con anillos en los dedos; el otro es un pobre andrajoso. Veis al bien vestido y le decís: Por favor, siéntate aquí, en el puesto reservado. Al otro, en cambio: Estate ahí de pie o siéntate en el suelo. Si hacéis eso, ¿no sois inconsecuentes y juzgáis con criterios malos?  Queridos hermanos, escuchad: ¿Acaso no ha elegido Dios a los pobres del mundo para hacerlos ricos en la fe y herederos del reino, que prometió a los que le aman?

                                                ***             ***             ***

    Con un ejemplo se esclarece el principio fundamental de la no acepción de personas. En la Iglesia la preferencia debe ser por el pobre. La Iglesia de Dios ha de asumir la opción de Dios. Las concreciones son plurales. 

Evangelio: Marcos 7,31-37.

    En aquel tiempo, dejando Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo, que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos. Él, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y mirando al cielo, suspiró y le dijo: Effetá (esto es, “ábrete”). Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad.  Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. Y en el colmo del asombro decían: Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos.

                                                      ***             ***             ***

  Jesús se encuentra en tierra “pagana”. Le presentan un sordo que además tenía bastantes dificultades para expresarse -es decir, un hombre "aislado" interior y exteriormente-, pidiendo que le imponga las manos. La intervención de Jesús rehúye toda espectacularidad. Los gestos y la saliva eran elementos típicos de las curaciones. A la saliva se le reconocían efectos curativos y apotropáicos (desviación de fuerzas malignas). También el gemido profundo formaba parte del ritual de la curación. Este gesto y la palabra - "effatá"- pasaron a la liturgia bautismal. Hoy ya no se conserva. Jesús devuelve al hombre la capacidad de hablar y de oír; le reintegra a la vida y a la comunicación. Por otra parte, es un gesto mesiánico (cf. Mt 11,5). La prohibición que sigue a continuación del milagro, ya es clásica en Marcos. El versículo conclusivo está lleno de intencionalidad teológica. Han llegado los tiempos mesiánicos (cf. Is 35,5s). La obra de Jesús recibe el mismo aplauso, la misma valoración que la obra creadora de Dios (Gén 1,3).  Ha llegado la plenitud de los tiempos (Gál 4,4). 

REFLEXIÓN PASTORAL

 

    No se requiere mucha perspicacia para detectar en nuestra sociedad una especie de cansancio, hastío y escepticismo. Pero quizá sí se necesite esa perspicacia, y en grandes dosis, para detectar el porqué de esa situación.

    Nuestro momento se caracteriza por un agotamiento de los modelos, por una agonía de los sistemas y esquemas sociales, familiares, económicos, políticos y religiosos. Por eso abundan tantas ofertas a corto  o a largo plazo; ofertas nacidas ya con el convencimiento de su provisoriedad e insuficiencia. Y, por eso, hay tanto desconcierto, e incluso temor.¿No será que hemos orientado nuestra vida hacia metas frustradoras? El silencio de los cristianos, a este respecto, puede que ya sea culpable, aceptando una domesticación agresiva, sin saber dar razón de nuestra esperanza y de nuestra fe, de manera creativa, libre e, incluso, contestataria.

     La palabra de Dios hoy resuena con claridad y fuerza: “Sed fuertes, no temáis”. Hay un principio de esperanza: la presencia de Dios revitaliza al hombre -“se despegarán los ojos de los ciegos…”- y a la naturaleza -“porque han brotado aguas en el desierto”-. Y es que “si el Señor no construye la casa…” (Sal 127,1).

     Y hoy parece que nos estamos empeñando en construir no solo de espalda a Dios, sino contra Él, olvidando un dato testimoniado por la historia: quien comienza por situarse de espaldas a Dios, termina situándose de espaldas al hombre… Porque sin Dios, sin la perspectiva que de él se deriva, el hombre deja de ser ese absoluto indomesticable, para convertirse en instrumento manipulable al servicio de los más variados intereses. Devaluada su porción divina, la figura del hombre decrece, se empequeñece vertiginosamente. Dios ha creado al hombre a su imagen y semejanza y, por tanto, Dios no solo es su origen, también es su destino. “Nos hiciste, Señor, para ti…” (S. Agustín).  Para reconducir al hombre a su meta original, para devolverle la perspectiva perdida y liberarle de todos los impedimentos, vino Jesucristo.

     El evangelio de hoy nos le presenta liberando a un hombre de sus limitaciones físicas, porque toda salvación debe ser integral, abriéndole a la escucha y a la comunicación con los demás. Pero la obra de Jesús no queda reducida a eso. Vino a abrir en el hombre dimensiones más profundas  -el corazón-  y a dimensiones más profundas. Ese corazón que a veces tiende a replegarse sobre sí mismo, desoyendo las urgencias del prójimo y renunciando a la comunicación sincera con él, dejándose llevar por la acepción de personas. A este respecto resulta esclarecedora la segunda lectura. La Iglesia debe ser un espacio de comunión; sin distinciones ni clasificaciones. Sin duda que algo hemos progresado en esto, pero no hemos alcanzado la meta.

    Comenzaba aludiendo a esa especie de cansancio, de agotamiento y desencanto. ¿A dónde ir? ¿A quién ir? “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados…” (Mt 11,28). Solo Jesús tiene palabras de salvación, de verdad, porque es la salvación y la verdad; solo él puede calmar la sed, porque es el agua viva.

REFLEXIÓN PERSONAL

.- ¿Cuál es el origen de mis cansancios y desalientos?

.- ¿Mezclo la fe con la acepción de personas?

.- ¿Siento en mi vida la acción sanadora de Jesús?

DOMINGO J. MONTERO CARRIÓN, OFMCap.